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Del arte de resignificar: Querida mujer

  • Foto del escritor: Michelle Robles
    Michelle Robles
  • 8 nov 2023
  • 2 min de lectura

Actualizado: 9 dic 2023

Por encima de las academias, en lejanía del concepto de las ciencias y una brevedad del silencio de otorgar; el arte de la crítica y el poder de la tinta al momento de demandar problemáticas sociales se transforma a una práctica inherente en la sociedad, así sean un par de palabras conectándose entre sí para formar un verso musical o un párrafo completo formando una narrativa, resulta ser una pequeña extensión de nuestras voces, de nuestros sentires y de nuestras propias realidades ante la adversidad.


“Cartas a las madres”, un proyecto retomado en son de homenaje a la obra de Mónica Mayer por parte de Julia Antivilo y publicado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), ilustra sobre la situación de violencia de género en nuestro país con una serie de escritos seleccionados en el concurso “Cartas a las madres de hijas desaparecidas y víctimas de feminicidio”.


Las voces de las mujeres que permanecen buscando a sus hijas, madres, amigas, hermanas o compañeras se mantienen palpables dentro de la literatura como un registro inevitable de la incesante búsqueda y del imperante luto que sigue sin ser justiciado tras la impunidad que envuelve a los agresores en un sistema tan errático como el que se encuentra en México.


Con rabia, grafiti y diamantina, hemos comenzado a visibilizarnos, a tomar el micrófono. Ya no escucharemos más cantar a sus hijas, pero no nos cansaremos de gritar que nos quitaron sus voces. —Andrea Casas Herrera

Ha llegado el punto en el que las celebraciones hacia la mujer se esclarecen al momento de silencio por todas aquellas que ya no están con nosotras, por todas aquellas que no descansan y aquellas que acompañan; ha llegado el punto en el que una, como del género, comienza a cuestionarse tal violencia que por desgracia ha sido tan normalizada en actos de cortesía y en roles de género que sucumben a la sumisión femenina, sin olvidar que la sociedad, a pesar de avanzar siglo con siglo, sigue arraigada a la creencia que la víctima es culpable de las agresiones que vive, sin poner la interrogante ante aquel que ejerce la violencia.

Olvidan que esa otra mujer tuvo un nombre, una personalidad, una actividad favorita, sentimientos, bromas con amigos, una familia, una madre. —Andrea Casas Herrera

Teniendo la realidad tan presente y a la vez tan olvidada, la máxima expresión de desahogo y reclamo ante las carencias por nuestra seguridad son nuestras fotografías, nuestras canciones, danzas, obras de teatro y nuestros escritos, porque de tenerlas ahí, nuestra ira traspasa las calles y nuestras casas, para ser datas no sólo para nosotras como individuos, sino para el resto que necesita saber que seguirán siendo escuchadas y la lucha se guarda como un honor en nuestra potestad artística.

Toma mi mano si quieres gritar o llorar, reír o soñar. Te contaré cuentos hasta que se apacigüen las pesadillas. Tendré té para construir momentos de paz. Si quieres que te acompañe en silencio, callaré; si quieres que cante contigo, cantaré. Tendré pañuelos y poemas para ti. — Natalia Stengel Peña

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