Tu presencia
- Carlo Clavellina

- 16 dic 2023
- 2 min de lectura
Mientras cenaba en el famoso café “Guerrero”, justo en el corazón de la ciudad y gastando los últimos pesos que tenía en un simple capricho, me pareció verte pasar. No tengo la certeza de que aquella que mis ojos encontraron entre la multitud de la gente fueras tú, aunque admito que en ella encontré varias cosas que me parecieron familiares.
Sus ojos, eran del mismo color que el café americano que sostenía mis palmas, solamente que en ellos no vi ese brillo único que tenían los tuyos, en especial cuando me mirabas fijamente y sin palabra alguna ellos me decían un “te amo”. Pero sus ojos no; los de ella eran opacos y extraños, y aunque se escondían tras los mismos lentes de cristal, no eran los tuyos.
Los labios de ella no eran tan rojos y tampoco me provocaron en el pecho ese sentimiento incontrolable de pasión que me causaban los tuyos, ni esa hambre insaciable que me incitaba a besarte todo el día y toda la noche si era posible. Pero los suyos, me parecieron insípidos, muertos y pálidos, muy diferentes a los que alguna vez añadieron sabor a mi existencia.
En su cabello, que era tan largo como un río cristalino y tan libre como el viento mismo, no encontré ese broche carmín con el que sujetabas tu flequillo rebelde. Tampoco vi ese bolso de cuero marrón donde guardabas diversas cosillas de lo más curiosas y una que otra nota que este pobre ingenuo te escribía con amor.
Ella tomó asiento a unas cuantas mesas de mí, pero a pesar de eso pude escuchar claramente sus palabras cuando le pidió al mesero un té de canela y una rebanada de pastel, lo mismo que habrías pedido tú. Sin embargo, su voz no me causó cosquilleos en la espalda, no me enloqueció y tampoco causó en mi corazón un alboroto, simplemente me gustó.
No tengo la certeza de que ella fueras tú, aunque me gusta pensar que así lo era. En realidad, ahora que hago conciencia, todo el tiempo creo verte. Tu recuerdo está tan presente en mi vida, que comienzo a alucinarte en cualquier lugar. Incluso, hay veces en las que llego a creer que no eres real, que tan sólo eres producto de mi locura y que las veces que he creído verte, son simples resacas de mi demencia.



Comentarios