La madre indígena
- Carlo Clavellina

- 1 dic 2023
- 1 min de lectura
Los mexicanos somos unos hijos ingratos, porque odiamos a nuestro padre blanco, pero también, mal pagamos a nuestra madre indígena.
No importa lo que hagamos, siempre llevaremos ese espíritu guerrero y combativo de los pueblos antiguos. Tomamos su escudo de guerra y lo convertimos en una bandera que izamos contra viento y marea. Robamos su identidad, para convertirla en nuestra.
Soberbios y orgullosos hijos, presumimos la riqueza de nuestra madre para todo el mundo; para afuera, para el extraño, mostramos la belleza de sus creencias, de su historia y sus poemas, sin embargo, tras la puerta de la casa, en la oscuridad de su propia tierra, la condenamos a la pobreza.
Llevamos en la piel pintando su color, sin embargo, nosotros borramos su existencia. ¿Qué desgraciado debe ser un hijo, para apuñalar a su madre a traición? A ella, que nos enseñó lo que era el valor, con violencia la atacamos sin piedad. A ella, que nos dio en la mesa su sabor, sus recetas ocultas y sus trucos culinarios, a ella, le amargamos su existencia cada año.
Nosotros, “los mestizos”, los que matamos su espíritu valiente; nosotros, que no emigramos de casa, sino que expulsamos de ella a la madre. Somos nosotros, los que tomamos sus templos, los que quemamos sus pueblos y la tenemos ahora, vendiendo artesanías en los centros. Fuimos nosotros, no el blanco, los que con odio encadenamos sus pies, para cultivar tabaco.
Somos ingratos, hijos sin vergüenza y malvados, porque de su origen nos avergonzamos, y aunque todo de ella lo hayamos sacado, hipócritamente, nos hacemos llamar “mexicanos”.



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