AUSENCIA
- Adonaí Garrido Chavarría

- 15 nov 2023
- 1 min de lectura
Actualizado: 9 dic 2023
Dedique minutos a la reflexión de sus momentos íntimos, de su día a día, aquellos cuando el cobijo de las personas a su alrededor es latente, aquellos cuando la habitación no es cálida por la ausencia de personas. Piense en esos momentos como trascendentales del sentimiento que abunda en usted y cuando sea consciente sucederá lo inaudito, entre dedicar tiempo para ti o hundirte en la soledad, he aquí el inicio de un pensamiento sin intención de nada.
El miedo a la soledad está inherente en los seres humanos por una necesidad de sentirse cobijados, reprimida en cualquier actividad, disimulada de autoconocimiento, autoexploración. La búsqueda de encajar en grupos o circunstancias provocan en usted moldearse para inmiscuirse, ¿Es usted siendo como ellos quieren que sea? ¿Es una consecuencia de no querer estar sólo? Conteste en silencio.
Los abrazos reconfortan, los abrazos de quienes nos aman sanan, se convierte en una quimera de estar abrazado por una eternidad hasta que sucumbe el soltar a quien nos ha soltado, la sensación de irse separando va destruyendo aquel anhelo hasta congestionar los ojos.
Ya lo advertía Schopenhauer disfrazado de erizo. En cada interacción que incluye a más de una persona, el contacto físico y emocional puede dañar, no en un sentido de vileza sino en entender que las formas de ser entre los miles de personas son divergentes pero necesarias, haciendo un gran entramado en donde salir ileso no es sencillo, a tal punto quizá imposible.



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